Ropa interior y traje de baño: origen y evolución de las prendas más íntimas y sensuales

Como el resto de la indumentaria, el uso de la ropa interior aparece en la civilización como una necesidad. En la actualidad está atravesada por la moda y la publicidad. Confortables géneros e innovadores diseños surgen para adecuarse a las tendencias de cada época. Pero nuestros antepasados comenzaron a usarla para mantener una buena temperatura en sus partes íntimas.

A lo largo de la historia su función evolucionó y se transformó. Pasó de ser un elemento estrictamente necesario y visible a un símbolo de estatus. Y en el caso de la Lencería para mujer, es un signo de moda y sensualidad. Tanto que compite con el resto de la indumentaria e, incluso, se muestra como vestimenta exterior en los looks más osados y sexis.

De igual modo, a través de los años se modernizó la ropa de baño. Surge como un atuendo ideado para bañarse en ámbitos públicos. Pero muy distinta de la que hoy conocemos y usamos. Los trajes de baño eran una especia de pijama que cubrían casi todo el cuerpo. En paralelo al transcurso de la historia los diseños se fueron acortando y achicando. Hasta terminar en los shorts, enterizas y bikinis actuales.

El origen de la ropa interior

Antiguo Egipto

Los antiguos egipcios y los hombres de las cavernas fueron los primeros en proteger sus partes íntimas con telas. Allá por el año 5000 a.C., hombres y mujeres se cubrían con pequeños trozos de tela. Los pasaban por entre las piernas y alrededor de la cintura y los llamaban taparrabos. Más tarde, los diseños y géneros como el cuero los transformaron en un símbolo de estatus y poder.

Edad Media

Sin dudas, las mujeres también necesitaban proteger sus genitales. Sin embargo, la lencería femenina medieval sólo contemplaba la parte superior. Usaban varias piezas. Rígidos corpiños para contener los senos y duros corsés para marcar la cintura. Y en zonas y temporadas muy frías medias de lana, pero nada parecido a un calzón o trusa. Ahí abajo no usaban nada.

Año 1600

Hacia el 1600, los hombres pertenecientes a la realeza comenzaron a usar calzoncillos similares a los de hoy. Pero tenían cordones que se ataban en la cintura y los tobillos. Y estaban decorados con cintas y telas estampadas. Mientras tanto, las mujeres estaban muy lejos de la lencería sexy y cómoda. Seguían sufriendo la ausencia de bragas y la crudeza de su ropa interior. Se les imponían corpiños, sujetadores y corsés cada vez más apretados. Que exageraban la silueta, achataban el pecho y afinaban la cintura.

Siglo XIX

Al fin las mujeres comenzaron a proteger sus partes íntimas. Pero con calzoncillos como los masculinos. Luego les sumaron decoración de encaje y cintas. Durante gran parte del siglo XIX tenían una abertura en la entrepierna para ir al baño. Hacia finales, incorporaron el uso de pantalones por debajo de vestidos y faldas. Nada más alejado de la ropa interior para mujer sensual que hoy se ofrece en el mercado.

Era industrial

La ropa interior femenina no presentó cambios, pero sí la masculina. Se popularizaron los pantalones cortos con botones. Fueron fabricados originalmente para los soldados norteamericanos de la Primera Guerra Mundial. Pero luego estuvieron disponibles para el resto de los hombres. En 1930 con el mismo objetivo originario, se confeccionó el primer bóxer, adoptado como ropa interior masculina.

Los 80’s

Esta década da el primer paso hacia las lencerías femeninas. Surgen las primeras tangas. Y se popularizaron en Sudamérica y luego en Estados Unidos. Este modelo fue un éxito y marcó un antes y un después. La ropa interior comenzó a ser considerada sexy. Y una herramienta de atracción sexual para hombres y mujeres. Personalidades del espectáculo aparecían en el escenario vistiendo tangas.

Los 2000

Entre el año 1980 y el 2000 la ropa interior continúa evolucionando hasta la que hoy usamos. Se enfatiza en la funcionalidad y la comodidad. Y se presta atención a los géneros en pos de la salud de la zona íntima. Y aparecen los diseños femeninos modeladores. Respecto de los hombres, comienzan a verse vistiendo ropa interior en publicidades.

El origen del traje de baño

1800

El rey Jorge III de Inglaterra estableció el baño en la playa como un acto social. Y el hecho de bañarse se instala popularmente. En 1822 la francesa Duquesa de Berry se metió vestida en la playa de Dieppe. En 1860, la primera ropa de baño mujer y hombre estaba compuesta por un pantalón largo, una camisola y medias. Simplemente era un atuendo un poco más cómodo del habitual para mojarse. Pero tapaba casi todo el cuerpo.

1900

Mostrar el cuerpo estaba mal visto, sobre todo para las mujeres. Los trajes de baño mujer parecían pijamas que las tapaban de los pies a la cabeza. Hacia 1914, se quitan las medias y se acorta la parte inferior hasta la rodilla. En 1920 aparece la primera malla moderna. Un enterizo escotado de lana que llegaba hasta la mitad de los muslos. La natación femenina de los Juegos Olímpicos marca una evolución hacia modelos más cómodos.

En la década del 40 la ropa de baño enterizo seguía siendo la más usada. Pero en 1946 el ingeniero Louis Réard inventa el primer bikini. Autoridades de España e Italia intentaron prohibir su en playas públicas bajo el argumento de la indecencia. Pero no lo lograron. En 1950 el bikini reinaba en los mares europeos. Diez años después se emplea la lycra en diseños elásticos que facilitan el movimiento y se adaptan al cuerpo. Y hacia 1974 la tanga brasilera revoluciona el mercado mundial.

En la actualidad, las mujeres tienen la posibilidad de usar trajes de baño de todo tipo. Enterizos para todas las edades. Bikinis y trikinis para las más audaces y desinhibidas. Tankinis para embarazadas o aquellas que pretenden ocultar la pancita. Más o menos escotados y cavados. Lisos, estampados, con encaje y transparencias. Con o sin accesorios. Las alternativas son infinitas.